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Etiquetación. Tu pensamiento te engaña IV.

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En este post veremos otra de las distorsiones cognitivas que os vengo explicando desde hace varias semanas: La etiquetación: otra forma irracional y engañosa de mirarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean.
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Según la RAE,  una etiqueta es una calificación estereotipada o simplista o una pieza de papel, cartón u otro material semejante, generalmente rectangular, que se coloca en un objeto o en una mercancía para identificación, valoración, clasificación, etc. Y esto es precisamente lo que hacemos a menudo con nosotros mismos y con los demás.

tag-654697__340_Ink_LICiertamente, el ser humano necesita clasificar el mundo en categorías para poder darle sentido, pero en muchas ocasiones esta forma de pensar nos juega malas pasadas, provocando visiones distorsionadas de la realidad.

Razonamos de esta manera irracional cuando asignamos una etiqueta general con carácter habitualmente negativo y absoluto. Cuando hacemos esto, tendemos a mirar sólo a través de ella, reduciendo la realidad a un elemento exclusivamente.

A José se le rompió un jarrón mientras estaba limpiando y pensó: “Soy un manazas, no hago nada bien”, tras lo cual recordó muchas ocasiones en las  que había cometido un error y sintió tristeza e impotencia.

Esta manera de pensar socava la autoestima cuando está dirigido a nosotros mismos porque consideramos que un error nos define, nos limita obligándonos a centrar la atención en aspectos negativos que consideramos globales y estables. Cuando está dirigido a los demás nos impide ver igualmente la totalidad de la persona y generamos emociones como ira, enfado, frustración, etc.

tag-654697__340_Ink torpeCuando colocamos un “sambenito” tendemos a considerar que es absolutamente cierto y que siempre ocurre así, buscando a nuestro alrededor información que confirme nuestra idea inicial e ignorando aquella que la contradice. Cada manifestación errónea fortalece nuestra teoría, la cual suele estar sesgada desde el principio. Esto genera mucho dolor, bloquea nuestras actuaciones y las relaciones con los demás.

Solemos comenzar este pensamiento con “soy un…”, “eres un…”

Veamos varios ejemplos más:

A Clara le gustaría conducir pero aún no se ha sacado el carnet porque piensa: “Soy demasiado torpe, no puedo hacerlo”.

Marcos llegó a casa llorando del colegio porque se había enfadado con un compañero. Su madre le dijo: “Hijo mío, qué llorica eres.”. Después le recordó todas las veces que había llegado a casa llorando.

María fue al  médico porque le dolía la espalda y el doctor le prescribió un medicamento que no le alivió el dolor. Pensó: “Este hombre es un incompetente” y se sintió muy enfada.

¿Qué hacer para combatir esta distorsión cognitiva?

Valora el comportamiento, no la persona.

Permítete el error, tienes derecho a cometerlo y los demás también.

Define el verdadero significado de la etiqueta.

Para y pregúntate:

¿Cuáles son las pruebas que apoyan este pensamiento?

¿Ocurre así en todas las ocasiones?

¿Estás centrando la atención en un error y obviando el resto de la actuación?

¿En cuántas ocasiones ocurre de forma distinta? Enuméralas.

¿Sólo eres eso o eres algo más? ¿Qué aspectos positivos rebaten esa etiqueta? Escríbelos uno por uno.

¿Ese pensamiento te ayuda a sentirte bien contigo mismo? ¿Y con los demás?

¿Qué ventajas tiene pensar así? ¿Cómo afecta a tu estado de ánimo?

Si las cosas son así, ¿puedes y/o quieres hacer algo para cambiarlas?

La autocrítica es necesaria, nos ayuda a crecer, a mejorar, a reparar los errores, pero siempre y cuando sea constructiva, no destructiva.

“Renuncia a definirte, y a definir a los demás. No morirás, entrarás en la vida. Y no te preocupes por cómo te definen los otros. Cuando te definen, se están limitando, de modo que ese es su problema.”
– Eckhart Tolle –

¿Te has sentido identificado/a? ¿quieres más información? Contacta conmigo, sin compromiso, en el 600920725 o eninfo@psicologoadomiciliomadrid.com

 

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Tu pensamiento te engaña. Distorsiones cognitivas

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“No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”, decía Epícteto, allá por el siglo II. Detrás de una emoción muy negativa hay un pensamiento que te engaña y te hace sentir mal, se llaman distorsiones cognitivas.

Rosa y Álvaro son muy aficionados a hacer senderismo y tenían pensado salir de excursión a la sierra esta mañana, pero ha amanecido lloviendo a mares. Rosa ha pensado: “Me hubiera gustado salir de excursión, pero es la oportunidad perfecta para acabar ese libro que empecé y para ver una buena peli con manta y palomitas” y se ha sentido animada. Álvaro ha pensado: “¡Pero si preveían un día soleado! ¡Los meteorólogos no aciertan nunca! Ya se nos ha estropeado el fin de semana, nunca nos salen las cosas bien” y se ha sentido frustrado y enfadado.

Esta situación ejemplifica cómo ante una misma situación se pueden sentir emociones muy diferentes en función de lo que piensa cada persona. Que amanezca de forma inesperada un día lluvioso cuando se tenía previsto salir de excursión puede suponer para algunos una estupenda oportunidad de quedarse en casa realizando otras actividades agradables y para otros suponer frustración porque se le han estropeado los planes.

Los pensamientos de Rosa son flexibles y adaptativos, son muestra de equilibrio emocional, le facilitan enfocarse en soluciones y buscar alternativas. Sin embargo, los pensamientos de Álvaro son rígidos, desadaptativos y le obligan a centrarse en lo negativo.

¿De qué depende que cada persona piense de forma distinta?

Los esquemas de pensamiento de cada uno de nosotros  se han ido formando a través aprendizajes extraídos de las experiencias vividas desde la infancia, con nuestros padres, abuelos, influidos por la sociedad en la que hemos crecido, los medios de comunicación, la cultura imperante en ese momento, los compañeros de colegio, los amigos del barrio, etc., como piezas del puzle que va a conformar nuestro propio yo. La mayoría de las creencias centrales que conforman los esquemas son estables, adaptativas o racionales, útiles y flexibles, nos facilitan la relación con el mundo, con nosotros mismos y con el resto de personas.

Constantemente estamos pensando, nuestra mente no cesa de tener un diálogo interno privado a través del cual explicamos y experimentamos el mundo y a nosotros mismos en el momento presente, en el pasado y en el futuro. Este diálogo está basado en nuestras creencias (a veces no muy conscientes).

 Sin embargo, algunas de estas creencias (llamadas creencias irracionales por Albert Ellis y distorsiones cognitivas por Aaron Beck, dos de los psicólogos más importantes del siglo XX) son desadaptativas, rígidas, dogmáticas, no nos sirven para alcanzar nuestros deseos y objetivos, nos generan emociones perturbadoras, nos merman la autoestima y pueden dar lugar a distintos trastornos.

No las cuestionamos, siempre son creídas  porque se instauran en un momento de la vida en la que nuestro pensamiento crítico aún no está desarrollado y las consideramos verdades universales. No ponemos en tela de juicio si son objetivas o no.

Las distorsiones cognitivas son errores fuera de la lógica que cometemos en el modo en que procesamos la información que nos rodea. Formas equivocadas de interpretación del mundo, de nosotros mismos y de los demás. Tendemos a pensar que  la realidad es tal como nosotros la vemos, que nuestra visión es objetiva y se nos olvida a menudo que todo lo miramos a través del filtro de nuestro propio sistema de creencias.

Todos poseemos en mayor o menor medida este tipo de creencias irracionales y, de vez en cuando, nos asaltan estos pensamientos deformados. El que se convierta en un problema que atenta contra nuestra salud mental y bienestar emocional va a depender de cómo de rígidos, estereotipados y abundantes sean estos pensamientos y de cuanta credibilidad les concedamos.

¿Y qué podemos hacer para combatirlos?

Lo primero que debemos hacer para poder librarnos de estos pensamientos dañinos y limitantes será convertirnos en un observador muy atento de nosotros mismos, escuchar nuestro diálogo interno. Te animo a que escribas todo eso que te pasa por la cabeza, en cada situación, justo antes de sentirte mal.

Veamos un ejemplo de cómo podemos hacerlo:

Adela es una mujer viuda que vive en una ciudad a varios cientos de kilómetros de dónde viven sus hijos.


Situación: Llama por teléfono a su hijo, pero no contesta.


Pensamientos: No les importo nada, ni siquiera tienen tiempo para hablar conmigo. Toda la vida sacrificándome por ellos y mira cómo me lo agradecen. Son unos egoístas que sólo piensan en ellos. No es justo.


Emoción: Tristeza, ansiedad, rabia.


Como en el ejemplo, registra lo que haya pasado por tu mente tal y como lo has pensado. No desistas si al principio te cuesta, es normal. Recuerda que son pensamientos basados en creencias que han estado ahí desde que eras pequeño y esta forma de razonar se ha hecho automática, aparecen muchas veces sin que te des cuenta, sin         que seas muy consciente y como si fuesen una realidad absoluta. A medida que repitas este ejercicio te irá pareciendo más sencillo.

A lo largo de varios post veremos en qué consisten cada una de las distorsiones conitivas o errores que hay tras estos pensamientos que dan lugar a emociones perturbadoras y de qué manera podemos trabajarlas para granjearnos una buena  inteligencia emocional.

¿Te has sentido identificado/a? ¿quieres más información? Contacta conmigo, sin compromiso, en el 600920725 o en info@psicologoadomiciliomadrid.com 

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